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Hábitos Atómicos: La manera en que tus hábitos moldean tu identidad (y viceversa)

Según James Clear “pocas cosas pueden tener un impacto más poderoso en tu vida que mejorar tus hábitos rutinarios”. Los invito a conocer una manera concreta de trabajar este tema, algo que me esfuerzo en practicar.

 

Partamos por analizar esta imagen resumen que aparece al inicio del capítulo 2 del libro.



Ahora que estamos terminando el año, ¿quién de nosotros no está pensando en mejorar hábitos y tener o mejores logros, o menos errores o, en definitiva, ser mejores personas?


Si es algo que en general nos motiva, entonces ¿por qué es tan fácil repetir los malos hábitos y tan difícil desarrollar los buenos?


Alguien podrá pensar que está en nuestra naturaleza humana. Esto porque los malos hábitos están más cercanos a la comodidad y el poco esfuerzo más que a usar energía en hacer las cosas de mejor manera.


Si vamos por la calle tomando un agua mineral de una botella desechable es mucho más fácil botarla al suelo cuando se consuma que buscar un basurero apropiado. Pero yo creo que es más que eso.


En mi caso sí prefiero buscar un basurero y dejar ahí la botella porque ya tengo el hábito de hacerlo y me haría sentir muy incómodo conmigo mismo no hacerlo.


Ahí tenemos una pista: ciertas hábitos tienen que ver con nuestra Identidad, lo que puede ser muy poderoso para tener un comportamiento acorde a nuestras creencia.


Lo que plantea James Clear en su libro es que “Nuestro primer error consiste en tratar de cambiar algo que no es lo que debemos cambiar”. Para ejemplificarlo nos explica la imagen ya presentada como si fueran las “capas de una cebolla”.


La primera “capa de cebolla” se refiere a los resultados. Por ejemplo: perder peso, publicar un libro, ganar un campeonato. En general las metas que nos proponemos están asociadas en este nivel de cambio.


La segunda “capa de cebolla” incluye cambiar los procesos. Aquí nos referimos al cambio de hábitos y sistemas. Por ejemplo: una nueva rutina en el gimnasio, u organizar tu escritorio para tener un mejor flujo de trabajo o quizás desarrollar una práctica de meditación. La mayoría de nuestros hábitos están asociados con este nivel.


La tercera “capa de cebolla” es la más profunda ya que significa cambiar la identidad. ¿Por qué es tan complicado? Porque implica cambiar creencias: la visión del mundo, la imagen de uno mismo, los juicios respecto a muchos temas. “La mayoría de las creencias, las suposiciones y los prejuicios que mantienes están asociados con este nivel” nos dice el autor.


Entonces la lógica es: 

Los resultados se tratan de lo que obtienes.

Los procesos se tratan de lo que haces.

La identidad se trata de lo que crees.


Cuando se quieren desarrollar hábitos perdurables (es decir, lograr el 1% de mejora), el problema no radica en definir si un nivel es mejor sino la dirección que sigue el cambio.


Gráficamente se puede ver así:



Como es lógico la mayoría de las personas empiezan “desde fuera hacia dentro”, cuando es mejor enfocarse desde la identidad.


El ejemplo que se da en el libro es el de una persona que está tratando de dejar de fumar y le ofrecen un cigarrillo.


Su respuesta será: no gracias estoy tratando de dejar de fumar. ¿Suena razonable, no es cierto?


Sí, pero implica asumir que todavía se es un fumador.


En cambio si la respuesta es: no gracias, ya NO soy un fumador, esta respuesta viene desde la Identidad y es mucho más poderosa.


Es lo que me ocurre con botar basura, yo no me Identifico como alguien sucio, por lo tanto es impensable no hacerme responsable.


Como curiosidad: siempre que tengo un papel o basura pequeña la guardo en el bolsillo trasero izquierdo de mi pantalón. Así, cuando me acuerdo la boto donde corresponde.


Entonces … ¿qué nos propone James Clear? … bueno el:


El Proceso de Dos Pasos para Cambiar tu Identidad


El autor ya ha dejado claro que la identidad surge a partir de tus hábitos: “No naces con un sistema de creencias preestablecido. Cada creencia, incluyendo lo que crees acerca de ti mismo, es aprendida y condicionada a partir de la experiencia”.


Para ser más claros: los hábitos son la manera como encarnas tu identidad, como cuando haces/ordenas/tiendes tu cama cada mañana, ya que esto te define como una persona encarnas la identidad de una persona ordenada.


Entre más se repite una conducta, más se refuerza la identidad asociada con dicha conducta (por eso cuando alguien te critica un error te sientes incómodo porque lo que te dicen no coincide con lo que percibes de ti mismo).


Los hábitos, por supuesto, no son las únicas acciones que influyen en la identidad, pero por la frecuencia que tienen, suelen terminar siendo las más importantes.


Por todo esto, el proceso de construcción de hábitos equivale en realidad al proceso de convertirte en la persona que se quiere ser.


Si bien no es una idea fácil de implementar, es muy poderosa y se logra gracias a una evolución gradual.


El autor dice que “No cambiamos por arte de magia cuando chasqueamos los dedos y decidimos convertirnos en alguien completamente nuevo. Cambiamos poco a poco, día a día, hábito a hábito. Constantemente pasamos por microevoluciones de nuestro ser. Cada hábito funciona como una sugerencia: «Ey, tal vez esto es parte de lo que yo soy». Si terminas un libro, quizá seas el tipo de persona a quien le gusta leer. Si vas al gimnasio, quizá seas el tipo de persona a quien le gusta hacer ejercicio. Si practicas tocar la guitarra, quizá eres el tipo de persona a quien le gusta la música.


Cada acción que realizas es un punto a favor del tipo de persona en la que deseas convertirte. Una acción aislada no va a cambiar tu sistema de creencias, pero conforme los puntos a favor se acumulen, también se irán sumando las evidencias que soportan tu nueva identidad. Esta es una de las razones por las cuales el cambio significativo no requiere cambios radicales. Los pequeños hábitos pueden provocar una diferencia significativa al proveer evidencia de una nueva identidad. Y si un cambio es significativo, también es un gran cambio. Esa es justamente la paradoja de hacer pequeñas mejoras continuamente”.


Por eso concluye que la manera más práctica de cambiar quién eres, es cambiar lo que haces, es decir que:

• Cada vez que escribes una página, eres un escritor.

• Cada vez que tocas el violín, eres un músico.

• Cada vez que empiezas a entrenar, eres un atleta.

• Cada vez que motivas a tus empleados, eres un líder.


Es decir que: “Cada hábito no solo te ayuda a obtener resultados, también te enseña algo mucho más importante. Te enseña a confiar en ti mismo. Comienzas a creer que realmente puedes alcanzar eso que te propusiste lograr. Cuando los puntos a favor o votos se acumulan y la evidencia comienza a cambiar, la historia que te cuentas a ti mismo empieza a cambiar también”.


Es por eso que las identidades renovadas requieren nueva evidencia ya que si se sigue partiendo de los mismos votos de siempre se obtienen los mismos resultados de siempre. Si nada cambia en el origen, nada cambiará al final.


Este es el proceso de dos pasos:

1. Decide qué tipo de persona quieres ser.

2. Demuéstratelo a ti mismo mediante pequeñas victorias continuas.


Algunas preguntas que se pueden hacer:


Pregúntate a ti mismo: «¿Quién es la persona que puede obtener los resultados que quiero alcanzar? ¿Qué tipo de persona puede perder 20 kilos de peso? ¿Qué tipo de persona puede aprender un nuevo idioma? ¿Qué tipo de persona puede iniciar una nueva empresa exitosa?».

Por ejemplo, «¿Qué tipo de persona puede escribir un libro?». Probablemente alguien que es constante y confiable. Una vez que defines esto, tu enfoque puede cambiar. En lugar de concentrarte en escribir un libro (enfoque basado en resultados), te enfocas en convertirte en una persona constante y confiable (enfoque basado en la identidad)”.


El autor afirma que este proceso conduce a un sistema de creencias como el que sigue:

• Soy la clase de maestro que defiende a sus alumnos.

• Soy la clase de doctor que dedica a sus pacientes el tiempo y la empatía que requieren.

• Soy la clase de líder que aboga por sus empleados.


Para finalizar el punto James Clear cuenta que: “Una vez que defines la clase de persona que quieres ser, puedes empezar a dar pequeños pasos para reforzar tu identidad deseada. Tengo una amiga que perdió 50 kilos después de preguntarse a sí misma constantemente, «¿qué es lo que una persona sana haría?». Durante todo el día ella usaba esta pregunta como su guía. ¿Una persona sana caminaría o tomaría un taxi? ¿Una persona sana ordenaría un burrito o una ensalada? Mi amiga se dio cuenta de que si actuaba como una persona sana durante el tiempo suficiente, finalmente se convertiría en ese tipo de persona. Ella tenía razón.


El concepto de los hábitos basados en la identidad es nuestra primera introducción a otro tema clave de este libro: los circuitos de retroalimentación. Tus hábitos moldean tu identidad y tu identidad moldea tus hábitos. Es una calle de dos sentidos. La formación de todos los hábitos es un circuito de retroalimentación (un concepto que estudiaremos a profundidad en el próximo capítulo), pero es importante que dejes que tus valores, tus principios e identidad conduzcan el circuito en lugar de permitir que sean los resultados los que lo guíen. El enfoque debe estar siempre en convertirse en el tipo de persona que puede alcanzar una meta, no en la meta en sí”.

 

¿Qué les parece? A mí, muy poderoso. Espero que les sirva y lo puedan poner en práctica.

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